Vasijas Funerarias

Vasijas Funerarias
Vasijas funeraraias de los indigenas del lago de Tacarigua o Valencia

viernes, 2 de marzo de 2018

TROPAS DE BOVES COMETEN ACTO DE VIOLENCIA SACRÍLEGA EN EL PUEBLO DE TURMERO

 Escrito por: Nelly Guilarte Ugas

Para los que visiten este espacio voy a dejar aquí colgado  una copia de un documento tomado del archivo del Libertador que considero necesario  para el conocimiento de las cotidianidades locales, estos parecieran  de poca importancia; pero testimonian el accionar social en los espacios territoriales concretos, el documento referido, es una comunicación oficial fechada en San Mateo el 23 de febrero de 1814,  donde se informa sobre un acto de violencia sacrílega cometido por un soldado de Boves en el pueblo de Turmero.


Como andamos en eso de  superar lo meramente anecdótico en la presentación de los acontecimientos histórico,  ademas  consciente que todo hecho humano responde a un conjunto de entramados y complejidades contextuales, se ha considerado pertinente presentar unos breves párrafos relacionados a la realidad del Pueblo de Turmero y sus vecindades, en el marco de la conflagración contra el imperio español.

En la primera década del siglo XIX Turmero  era un pueblo de aproximadamente 8.000 mil  pobladores, en su mayoría pardos y con  un 18%  de indios tributarios una importante población sometida a la esclavitud  en las haciendas-trapiches que la aristocracia  caraqueña  descendientes de los conquistadores  había plantado en las tierras usurpadas y despojada a los pobladores originarios; por otra parte  las plantaciones de Tabaco y el establecimiento de la factoría en  este pueblo permitió el establecimiento de autoridades coloniales de  segundo orden que establecieron sus residencia en estas tierras.

En los años sucesivos a  1810- 1811 los valles centrales de la Provincia de Caracas se convirtieron en  escenario de confrontación armada; en 1812 los ejércitos de Monteverde y de Miranda integrados ambos por gentes de todas las castas  se enfrentaban día a día entre triunfos y derrotas en localidades como  Magdaleno, La Victoria, Maracay, Cagua y Turmero.

Para 1813 la Guerra de independencia ha tomado características muy particulares, los patriotas avanzan con beligerancia desde occidente así lo evidencian  los triunfos militares en la Campaña Admirable;  al mismo tiempo que esta adquiere mayor complejidad con la incorporación de Boves  a la cabeza de grandes contingentes  de desposeídos y con las banderas de reparto de tierras, libertad a los esclavos logrando incorporar amplios sectores de estos como soldados de sus ejércitos,  estrategia que le permite el avance desde los llanos.

 Iniciándose el  año de 1814 recrudecen las acciones armadas tanto de la insurgencia patriota como las de la contrainsurgencia realistas, expresándose en las acciones de guerra a muerte, las tropas de Boves  avanzan desde los llanos hacia el centro, concentrándose fundamentalmente en los Valles de Aragua y del Tuy.  El 10 de febrero llega al pueblo de La Victoria José Félix Ribas al frente  del batallón de jóvenes seminaristas de Caracas, el propósito  frenar el paso a Caracas de los realistas, el 12 de Febrero de 1814 triunfan las fuerzas de José Félix en la Batalla de la  Victoria.

El  19 de febrero en Turmero, los patriotas logran repeler  en una refriega la legión  realista estas hazaña contienen  su avanzada, pero  la ofensiva de Boves continua. El 25 de febrero es ocupado el pueblo de  Cagua por los realistas y el 28 intentan tomar la hacienda de Bolívar en San Mateo que funcionaba como cuartel general. El 13 de marzo Bolívar  visita las poblaciones de Cagua y Turmero,  los patriotas ocupaban  los pueblos de los Valles de Aragua entre ellos Turmero, Cagua, San Mateo[1]; el 25 de marzo las tropas realistas intentan nuevamente tomar posesión del cuartel de San Mateo y Ricaurte prende fuego  a la casa para no dejar que los realistas tomen posesión del arsenal militar que tenía los patriotas.

Tal y como se describe en el párrafo anterior, el primer trimestre del año de 1814  fue  de una intensa confrontación  de las fuerzas patriotas contra la avanzada de  las tropas de Boves  y en  este escenario se sucede lo descrito en el documento que dejo para Uds. como acto de violencia sacrílega cometido en Turmero por un soldado de Boves.


COMUNICACIÓN DEL GOBIERNO DIRIGIDA AL ARZOBISPO NARCISO COLL Y PRAT, FECHADA EN SAN MATEO EL 23 DE FEBRERO DE 1814, POR LA CUAL SE LE NOTIFICA UN ACTO DE VIOLENCIA SACRILEGA COMETIDO POR UN SOLDADO DE BOVES*[2]

Ilmo. Señor Arzobispo.
Noticioso S.E. de que uno de los facciosos del Caudillo Boves,  había ejecutado en la imagen de María Santísima, venerada con el título del Carmen, una acción la más torpe, escandalosa y herética, pasé orden al Cura interino y propietario del Pueblo de Turmero,  donde aconteció, para que informase sobre la realidad del caso, y aquél lo ha verificado en los términos siguientes:
"A cada paso nos está manifestando Dios nuestro Señor el justo castigo que tiene reservado para aquellos que impíamente se atreven a ofender el decoro, el respeto y la veneración que, por todos los títulos, se debe a la Reina de los Ángeles, Madre de Dios, Señora nuestra. En una de las ocasiones que entraron a este Pueblo de Turmero los partidarios de Boves, se cumplió a la letra el castigo más severo de la Justicia divina. El delito fue execrable y yo al saberlo me llené de espanto y terror ¿podrá darse otro atentado semejante que no infunda al Cristiano las más lamentables lágrimas de dolor?
"El tres del corriente febrero fue la tercera ocasión que entraron a este Pueblo los aliados de Boves y para haber de conseguir sus empresas en el saqueo y en el robo, se entraron a la casa del ciudadano Bernardino Ruy, y en presencia de su esposa la ciudadana Sabina Hurtado, y otras ciudadanas, estando un tabernáculo en la sala principal de la casa, en donde veneraban estas tristes ciudadanas con luces encendidas a las sagradas imágenes de la Beatísima Trinidad y de Jesús Crucificado, y de María Santísima con el glorioso título del Carmen se atrevió uno de los faccionarios de Boves y lleno de iniquidad levantó la lanza que en hastada tenía en las manos y en medio de un irreligioso razonamiento, la descargó sobre la imagen de la Santísima Virgen, quedando con esta acción apagadas las velas y la sagrada imagen arrojada del Tabernáculo al suelo. ¿Pero sería posible quedarse sin castigo esta escandalosa e impía acción? ¿Dejaría Dios nuestro Señor sin castigo el agravio que se había hecho a su Santísima Madre? No por cierto: Al momento que salieron de la casa, se reunieron todos en la plaza de esta parroquia, y al tiempo de decir ellos: ¡Viva Fernando VII! uno de la pandilla disparó un trabuco que tenía en las manos, y sin saber cómo, derribó del caballo al desgraciado soldado que se atrevió a cometer tan estupendo atentado; no se pasaron cuatro o cinco minutos de la acción, a la muerte del partidario de Boves.
"Esto es lo que puedo y debo contestar a V. en virtud del oficio que acabo de recibir para el efecto, según las declaraciones que he tomado, que no dejan la menor duda; lo que yo certifico por mí mismo es que estando en mi casa oí el tiro; que inmediatamente vinieron a pedirme el Santo Oleo; que salí y sin casi atinar con la forma de la absolución, le absolví con aquellas palabras muy precisas, y le administré el Santo Oleo bajo de una forma por no haber dado más lugar la muerte que aceleradamente le sobrevino.
"Todo lo cual comunico a V. para que lo eleve al conocimiento del ciudadano General en Jefe del Ejército Libertador.
"Dios guarde a V. muchos años. Turmero 23 de febrero de 1814. 4° y 2°. Sr. — Celestino Alemán. Ciudadano Secretario del Despacho de Gracia y Justicia".
El venerable cura propietario, se refiere en sustancia a lo mismo, pero de oídas. S. E., en vista de todo, se ha servido ordenar se transmita a V.S. Illma., como lo ejecuto para su publicación, con las prevenciones y demás que tenga por conveniente.
Dios guarde a V.S. Illma. muchos años.
Cuartel General de San Mateo, 23 de febrero de 1814. 4° y 2°.
RAFAEL D. MERIDA
* Del original. Archivo Arquidiocesano, Caracas. La firma y rúbrica de Rafael Diego Mérida son autógrafas. El resto del documento escrito de amanuense no identificado. Fue facilitado a la Comisión Editora por el Director del Archivo, Fray Cesáreo de Armellada.




[1] RATO CIARLO, José. Historia Caraqueña del Periodismo Venezolano 1808-1830. Edit Arte Caracas 1967 p. 185



jueves, 12 de noviembre de 2015

CRIOLLOS, INDIOS Y MESTIZOS, QUERELLAN POR ELECCIÓN DE TERRENO PARA CONSTRUIR UN DEGREDO EN EL PUEBLO DE TURMERO

Escrito por: Nelly Guilarte Ugas

En el presente artículo nos dedicaremos al estudio de un litigio que se desarrolla en la última década del siglo XVIII, relacionado con la construcción de una casa de degredo para albergar los virulentos en el Pueblo de Turmero; según disposición testamentaria del Coronel Don Juan de Salas este había  donado de  500 pesos de sus bienes para esta obra piadosa;  cuyo abordaje iniciamos en el escrito  anterior titulado: “Una casa de degredo en el pueblo de Turmero a fines del siglo XVIII”,  publicado en nuestro  blog:


Cumplida las gestiones administrativas referentes a la  última voluntad del Coronel Salas; al parecer se intenta conseguir la autorización Gabriel Blanco y Uribe, para realizar dicha construcción en terrenos del valle Guayabita tomando en cuenta que, “desde tiempos inmemoriales siempre se han puesto allí los degredos para el alojamiento y curación  de los enfermos virulentos[1] medida que había  logrado disminuir el contagio en los pobladores de Turmero; pero los dueños de la hacienda alegaron sus interés particulares y “legitimo” en el marco del derecho liberal de la propiedad y se opusieron.

            El 22  de julio de 1794, se presenta ante las autoridades competentes Luis Blanco y  Blanco en representación de Gabriel Blanco y Uribe, protestando  la construcción  de un caney o choza que el Teniente de Justicia había  mandado  a edificar  en el sitio de Guayabita, para separar los contagiados  de viruelas y evitar el perjuicio  que se le pueda causar  al resto de la población;  argumentando que el pueblo tiene otros espacios  suficientes para que esta casa de beneficencia sea construida separada del vecindario  y de menor riesgo para el contagio .

“...suplico a nuestra señoría ser  sirva mandar a elexir otro  lugar que no sea el proyectado por las razones expuestas y que se deje al mencionado  Don Gabriel en el libre uso de cortar leñas precisas  para su hacienda...”[2]  

La querella  interpuesta por Los Blanco y Uribe  propietarios del Valle de Guayabita, descendientes de los primeros encomenderos del Valle de Turmero y  miembro de la aristocracia territorial caraqueña; interponen una querella para evitar la fábrica del degredo  en las adyacencias de su propiedad;  reclamando el perjuicio que esto acarrearía a sus intereses;  ya que los privaría del corte y conducción de leñas necesarias para el laboreo de la caña  en su hacienda de trapiche; como también las grandes pérdidas que se generarían frente a la negativa   de los peones a cumplir con su jornada de trabajo, quienes se excusaría de asistir por temor al contagio.

 “... Es manifiesta la necesidad de la separación pero urge  el poderoso motibo de los daños  que se siguen de construir en aquel  lugar por que siendo precisa la consecucion  de leña  y transito por el mismo pueblo no se evita el peligro ni se cumple con la disposición[3]

Razones por las que Pedro Carbonell Mariscal de Campo Teniente de Gobernador y Capitán General, despacha  notificación del auto, al Teniente de Justicia Mayor del Pueblo de Turmero, para que en común acuerdo con el  Maestro Don Juan Joseph Álvarez, cura del pueblo y designado por el tribunal eclesiástico para la ejecución de la obra, señalen otro sitio más apropiado cuya resolución del auto es del tenor siguiente:

“...que siendo cierto lo que se expone  cese de llevar adelante el proyecto de la caso o caney que se expresa se planteó en la tierra  que denominan Guayabita y destínese otro mas apropiado y que no haya los yncombenientes que se apuntan dejando a la entera libertad el cittio para el uso de quien representa[4]

Se decide  y se ordena elegir otro sitio que sea apropiado, efectivamente se inicia la búsqueda pero a decir de los responsables no se encuentra espacios con las proporciones que tiene el de Guayabita; sin embargo se resuelve: fijar el degredo   en el sitio que llaman el Rincón  “...que esta en la parte nasiente del dicho pueblo y es el que se ha allado más oportuno y por tener la fasilidad de introducírsele un ramo de agua  que viene del río de paya”[5]

El conflicto se extiende, el dilema se  profundiza  entre: los intereses de los propietarios, los vecinos, los indígenas   y la última voluntad del difunto Juan de Salas; mientras tanto los virulentos siguen su viacrucis, seis meses han  transcurrido desde la fecha en que se instruye la construcción del degredo. En fecha  17 de septiembre de 1794, el Corregidor del pueblo de Turmero  informa: que ante el se presentó el  indígena Juan Joseph Beltrán  Gobernador del Cabildo indígena  y le notifico,  que uno de los indios  enfermó de viruela  y no encontraba donde aislarlo,  ya que los antiguos ranchos ubicados en el sitio de Guayabita  destinados para tal causa  habían sido demolidos y quemados.

El veinte de septiembre de mil setecientos noventa y cuatro, los integrantes del Cabildo Indígena del pueblo de Turmero en conjunto con otros vecinos, presentan ante el Teniente de Justicia Mayor  un escrito esgrimiendo las razones por las que se oponían a la construcción del degredo en las tierras del Rincón, en primer orden los indígenas invocan  “...que nosotros  estamos en estas desde nuestra primera fundación y nuestros causantes desde tiempos inmemoriales...”[6],  las tierras mencionadas forman parte de las tierras del reguardo indígena de este pueblo.

Entre otros de los argumentos manejados numeran: que alli tienen sus casas de familia, conucos, labranzas con productos de primera necesidad, plantaciones de añil, oficinas de cal, hornos de hacer tejas, el sitio está en las cercanías del pueblo, es muy concurrido por ser sitio de corte de leñas,  además le falta el agua en el verano; por las razones antes expuestas los demandantes proponen que el degredo debe ser construido en el cerro de Guaca en posesión de las tierras de Doña Adriana Blanco donde siempre estuvieron los ranchos del degredo, “que estos eran de toda comodidad para los enfermos n i en perjuicio al público sin causar daño a nadie[7]  y en concordancia a los  expuesto incitan:

“... que el publico  aclame revocando a cualquier decreto que dirija a emprendherla en el mencionado rincón detrás de la Yglesia sin sus términos desde la punta del serro que cae a la cruz de hierro hasta otra punta que cae al paso del rio de Paya”[8].

La voluntad expresa del Coronel Salas no se ha podido cumplir, pese a las diligencias emprendidas por las autoridades eclesiásticas del Obispado de Caracas;  el conflicto de intereses de  criollos aristocráticos, indígenas y  otros vecinos (blancos de orilla y/o mestizos) evidenciadas en el litigio, impiden la construcción del degredo y llevan al cura Juan Joseph Álvarez de Lugo a dimitir la comisión que tenía encomendada por parte del Vicario General del obispado de Caracas.

  “...En atención a que los vecinos de este pueblo no se hallan conforme con el sitio que se ha señalado nombrado el Rincon para la casa de degredo y que realmente la posesión de guayabita no tiene otro mas aparente y aquí por otra parte Don Gabriel Blanco se opone a que dicha casa se haga en semejante lugar determino hacer dimisión de dicha comisión...”[9]

La amenaza al contagio por la propagación  viruela es inminente,  el conflicto sigue su cauce; en este escenarios el  Corregidor de Turmero Fráncico Carvajal, manifiesta  no encontrar otro sitio para aislar a los contagiados; propone que solo le queda el degredo de   Palo Negro, sitio de aislamiento de los enfermos de la feligresía de Cagua, pero reflexiona, que al ser el sitio distante más de una legua  generará incomodidades para la atención física y espiritual de los afectados[10]; en consecuencia esta autoridad se declara incompetente para resolver la situación y así lo expresa su testimonio escrito:

“Yo me encuentro  perplejo sin saber que partido tomar porque si lo pongo en el lugar cuya posesión reclama el pueblo me cree Don Gabriel Blanco su enemigo y si lo mudo a otro lugar me llama el pueblo su exterminador... por la adversidad en que me encuentro suplico a vuestra señoria que próximamente me ordene lo que debo hacer...”[11]

El poder económico y su influencia en los espacios políticos  que ostentan los Blanco Uribe, les permite acusar  a Francisco Carvajal Teniente Corregidor, de  estar complotado  en su contra, ser el principal azuzador en  el pleito que han emprendido los indígenas y otros vecinos del pueblo para que no se acepte la construcción de la mencionada casa en el sitio del Rincón;  por lo tanto exigen se le suspenda su actuación en el caso.

Frente a esta petición y  la situación de conflicto presente, se decide: designar al  presbítero Alberto Gómez   y al Teniente Justicia del pueblo de la Victoria  Francisco de Albuquerque, para que actúen  en el reconocimiento y señalización del lugar para la construcción del degredo. La comisión actuó diligentemente  y determinó que el sitio más apropiado era el del Rincón sin los riesgos que tenía el anterior degredo provisional de Guayabita[12]






[1]Expediente sobre los bienes legados por el Coronel Juan de salas a la Iglesia. Folio 22 consultado en: http://libertador.bolivarium.usb.ve/documento.php?id=11190f7
[2]Doc. Cit folio 12
[3]  Ídem folio 14
[4] Ibídem folio 16
[5] Ibídem folio 22
[6] Ibídem folio  28
[7] Ibídem folio29
[8] Ibídem folio 31
[9] Ibídem folio 41
[10]  Ibídem folio 79
[11]  Ibídem folio 80
[12] Ibídem folio 94

domingo, 1 de noviembre de 2015

UNA CASA DE DEGREDO EN EL PUEBLO DE TURMERO A FINES DEL SIGLO XVIII


Autora: Nelly Guilarte Ugas

A pesar de los avances en las investigaciones históricas; aún persiste en grandes mayorías la idea de considerar la historia como el estudio de grandes personajes y/o acontecimientos; despreciando hechos de la cotidianidad desde donde podemos emprender indagaciones para comprender la sociedad en lo  material y espiritual;  así como  el funcionamiento  de toda su institucionalidad; en consideración presentamos este pequeño esbozo,   desarrollado en base al litigio que emprende un blanco criollo  a finales del siglo XVIII,  opuesto a la construcción  de una casa de degredo  para el Pueblo de Turmero 

Las casas de degredo fueron espacios de aislamiento, para restarle terreno a la muerte en caso de enfermedades contagiosas o epidemias; funcionaron como dispositivos de protección frente a la  inexistencia de mecanismos técnicos científicos para combatir dichas afecciones; también expresaron toda una racionalidad de segregación y exclusión  social  propia de la cristiandad[1] signada por  concepciones y prejuicios religiosos al considerar que  las enfermedades físicas eran castigos  divinos; en consecuencia a quienes las padecían   se les consideraba malditos por lo tanto sometidos al apartamiento y desprecio.



Corral de Apestados del pintor Francisco Goya

         Estas prácticas de incomunicación fueron usuales en el mundo antiguo, adoptadas por Europa e impuestas en “América” como parte de las políticas sanitarias; se impone toda una concepción referida a la atención de  los enfermos  desde  la  lógica eurocéntrica  expresada como doctrina  en las  reputadas Leyes de Indias[2].  

   Una vez desestructurado el sistema  de organización y convivencia de los pueblos originarios se implantan las instituciones: iglesias, cárceles, cabildos,  cementerios y hospitales; el 7 de octubre de 1541, mediante Real Cédula, se  dispuso  edificar hospitales en todo poblado de indio o español, para  curar los pobres enfermos y ejecutar la caridad cristiana[3], dictamen que fue reafirmado en la ordenanza de población  fechada el 13 de julios de 1573 y que establece en lo referido a los hospitales los siguiente:

        “Cuando se fundare ó poblare  alguna ciudad villa o lugar; se ponga á los hospitales para pobres y enfermos  de enfermedades que no sean contagiosas junto á   las iglesias   y por claustro de ellas, y para los enfermos  de enfermedades contagiosas en lugares levantados, y parte  que ningún viento dañoso, pasando por los hospitales, vaya á   herir en las poblaciones” [4]

        Las dictamines reales sobre la creación de hospitales se realiza en función de garantizar el control social de las grandes epidemias traídas por los expedicionarios al “Continente Americano”  enfermedades (nunca antes conocidas entre los originarios) las que  azotaron estas tierras desde los primeros viajes de exploración e hicieron grandes estragos en la población “indígena”;  pero también entre los españoles,  por lo tanto la corona se ve obligada  a  proponer la creación de estas instituciones. 


Por otra parte es  bueno  explicar que  la construcción de estos hospitales estaban relacionado con la importancia económica política del centro poblado;  las capitales de los virreinatos contaron con mayor número de centros  que cualquier otra ciudad o pueblo  de indios; respecto a los hospitales fundados en lo que hoy corresponde al territorio Venezolano,  se señala que para  el 1532 se había fundado un hospital en la Isla de Cubagua[5];  a fínales del siglo XVI  es cuando en Caracas  se  destinan los primeros albergues para recluir a los infectados de la epidemia  de Viruela que ingresó en 1580 por Caraballeda, en un barco portugués capitaneado por Pánfilo de Narváez[6]

        Los hospitales  son una más  de las instituciones implantadas en América  en ese proceso de colonización impuesto por  la acción imperial;  desde la temprana edad media en europea existieron instituciones hospitalarias íntimamente  relacionadas a la caridad   y la moral cristiana, fundamentada en el precepto del auxilio que los ricos debían ofrecer a los pobres se fundaron estos lugares de piedad y misericordia, donde los más desprotegidos aliviaban sus penas;  en estos hospicios se recogen vagabundos, viajeros, niños expósitos, enfermos, desamparados y cualquier otro “miserable” excluido de la sociedad.

 En torno a esos convencimientos religiosos, los cristianos propietarios del periodo colonial,  dejaron  disposiciones testamentarias indicando  obras piadosas a favor de los pobres  fieles; estas acciones misericordiosas estaban destinadas a limpiar sus conciencias, salvar sus almas y redimir sus culpas[6];  claramente  expresadas en sus disposiciones testamentarias. En este orden de ideas Don Juan de Salas, dejó dispuesto en la cláusula 25 de su testamento, la asignación de  quinientos pesos para la construcción de una casa de degredo en el pueblo de Turmero, destinada al auxilio de los enfermos de viruelas, que en este pueblo eran  muchos y solo habían contado  con unos ranchos pajizos en las cercanías del valle de Guayabita.

    “que quinientos pesos de su caudal los mismos que ha exhibido  en este tribunal el capitán Juan de Cocho e Iriarte se inviertan en la fábrica de una casa de degredo para recoger y amparar  a los pobres virulentos de aquel pueblo encomendándose en su cuidado a una persona de conciencia e integridad...”[8]

Para dar fiel cumplimiento a la voluntad  del difunto, el teniente fiscal Juan de  Cocho informa que el cura de Turmero  Don Juan Jossef  Álvarez de Lugo, ha manifestado la necesidad de esta casa para el beneficio de tantos pobres desvalidos y que está dispuesto “voluntariamente a encargarse de su construcción  deseando dar cumplimiento y poner en execusión  una pia  disposición tan útil al publico y tan ventajosa a los pobres”[9]  

        En virtud de los argumentos expuestos, el 25 de febrero de 1794 se libró despacho para  la construcción del  degredo en el sitio que  señalare el Justicia del pueblo, en el mismo Auto se instruye,  sean  entregados los 500 pesos al Presbítero Domingo Antonio Tremaría para que con toda celeridad el cura del pueblo Alvarez  de Lugo  pueda cumplir lo acordado. El 15 de marzo de 1794, el Obispado de Caracas, aprueba el nombramiento del  cura Álvarez de Lugo para la construcción de la casa de degredo en el pueblo de Turmero por ser “una obra de piedad y utilidad para aquel vecindario”[10]

        Cumplidas  las requisitorias necesarias establecidas y a pesar de la necesidad que al decir  de los responsables de velar por  la vida espiritual de los pobres en la tierra y la salvación del alma  de los fieles difuntos, la construcción de  la obra piadosa no se puede concretar, debido a  la querella  interpuesta por Don Gabriel Blanco y Uribe propietario del Valle de Guayabita, descendientes de los primeros encomenderos del Valle de Turmero y  miembro   de la aristocracia territorial  caraqueña;  quien  se  opone a la construcción  de esta misión en las adyacencias de su propiedad; también se incorporan a este pleito el cabildo de los indios de Turmero, cuando para satisfacer las peticiones de los Banco Uribe se propone construir el degredo en tierras del Resguardo indígena.

         En una próxima entrega presentaremos para nuestros lectores la controversia de esta querella que no deja de ser interesante ya que pone en evidencia los conflictos e intereses en torno a la organización de los espacios y la lucha que por estos libraron  los indígenas del valle de Turmero  contra  los poderosos  blancos criollos en el siglo XVIII.






[1] En  1179 el Papa Alejandro III  dictamina  apartar a los leprosos del resto de la sociedad para que esta se salvara del pecado y  la muerte.
[2] Cuerpo legal que reglamentó el funcionamiento del estado español en las denominadas provincias de ultramar en lo referente a la organización social política económica cultural de América
[3] Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias. Tomo I Quinta edición  Boix. Editor Madrid 1841  pag 16
[4] Idem
[5] ESCALONA Roger ; LOS ANTIGUOS HOSPITALES DE CARACAS Desde su fundación hasta la inauguración del Hospital Vargas Rev Soc Venez Hist Med 2006;55 (1-2 ): 25-41 pag. 27  consultado en https://www.google.com/?gfe_rd=ssl&ei=0LAuVprTKYKX-gXW7q34Dw#q=ESCALONA+Roger+%3B+LOS+ANTIGUOS+HOSPITALES+DE+CARACAS+Desde+su+fundaci%C3%B3n+hasta+la+inauguraci%C3%B3n+del+Hospital+Vargas+Rev+Soc+Venez+Hist+Med+2006%3B55+(1-2+):+25-41+

[6] IDEM pag. 27

[7] VARGAS, Lourdes; La vida espiritual, familiar y material en el siglo XVIII venezolano. Centro Nacional de Historia Colección Monografías. Caracas. 2009 pág. 65 
[8]Expediente sobre los bienes legados por el Coronel Juan de salas a la Iglesia. Consultado en: http://libertador.bolivarium.usb.ve/documento.php?id=11190f7
[9] Doc. cit
[10] Ídem

domingo, 2 de noviembre de 2014

TURMERO Y LAS EPIDEMIAS FEBRILES DE LAS PRIMERAS DECADAS DEL SIGLO XIX

Escrito por: Nelly Guilarte Ugas

Respecto a las epidemias febriles que azotaron a los valles de Aragua  y que se extendió hasta las poblaciones Mariara, Guacara y Los Guayos  en las tres primeras décadas del siglo XIX hemos escrito un trabajo que se puede leer en:   


         Para relatar las especificidades, efectos y connotaciones  de estas epidemias  febriles en la población del Pueblo de Turmero  presentamos estas breves  líneas con testimonios  que al respecto de esta enfermedad hemos encontrado; las aportamos  para  el conocimiento de los lectores y seguidores de este Blogs.

Imágen ilustrativa "oleo del pintor Jhon Singer Sargent titulado Hospital de Granada

A finales del siglo XVIII y principios del XIX; Turmero era uno de los pueblos más prósperos de la cuenca del Lago de Tacarigua  (Valencia); la fundación de  importantes  haciendas-trapiches durante los  siglos XVII y XVIII, el establecimientos de las plantaciones de Tabacos  en Guaruto   a orillas de la Laguna en la jurisdicción del pueblo de Turmero  y las plantaciones  de añil  contribuyeron definitivamente con la prosperidad que lucía y que fue descrita por distintos viajeros entre ellos  Depons  y Humboldt.

A pesar de la prosperidad económico que exhibían estos Valles, entre ellos el Pueblo de Nuestra Señora de la Candelaria de Turmero,  la población sometida a la esclavitud  y los  peones de  las plantaciones del Tabaco vivían en  deplorables  condiciones socio-económicas;  así lo encontramos expresado en  un informe relacionado con las fiebres en los Valles de Aragua,  presentado por Iznardi a la Dirección de la Renta del Tabaco el 13 de  julio de 1808, donde  se  señala un conjunto de causas que influyen en la propagación  de la fiebre en las cercanías de la Laguna; entre las cuales menciona  las condiciones socioeconómicas en que vivían los peones.

 “La constitución de los que se dedican al cultivo del tabaco y demás producciones agrícolas es la mas propia para contener el mal que rara vez extienda su influjo  a la gente acomodada, que se alimenta bien, que está vestida, duerme al abrigo… todos lo que bajo el nombre de peones forman el patrimonio de la renta del tabaco son unos hombres cuyo alimento consiste  en raizes, frutas y pescado de la laguna y casabe rara vez consumen carne mal preparada; su vestido se reduce a un calzón de lienzo… sus habitaciones  participan de los dos extremos opuestos de la salud pues o son unos tinglados á todo ayre ó duermen sobre un chinchorro  recibiendo sobre sus cuerpos acalorados y debilitados  por el sudor y el trabajo… en la segunda se arroja sobre suelo húmedo, sin interponer entre el y su cuerpo más que un cuero o una estera…”[1]

En un manifiesto fechado 10 de abril de 1824 en Guaruto,   un grupo de labradores describen su miserables condiciones en las que viven ellos y sus familias “…nuestras habitaciones pajizas ni aun rústicamente amobladas, nuestras familias desnudas..”[2]

 Las calenturas febriles intermitentes que se presentaron en los Valles de Aragua con desbastadora fuerza en las tres primeras décadas del siglo XIX  se hicieron más pertinaz  en las plantaciones de tabaco del “Rey” Guaruto, Camburito, Mamoncito Quarta y Quinta fundación ubicadas en el valle de Turmero, en las áreas donde se habían retirado las aguas de la laguna; pudiésemos inferir entonces que de todos los pueblos ubicados en el valle de Aragua y  cuenca del Lago de Tacarigua (Valencia) fue Turmero uno de los más afectados.

Desde 1804, las epidemias de fiebre intermitente en los Valles de Aragua alcanzan niveles alarmantes;  razones por las cuales  las autoridades de gobierno  envían una comisión de médicos, entre estas, al Dr. José Ángel Álamo en 1804 y al Dr. José Joaquín Hernández en 1808, este último enferma seriamente y se ve obligado a salir de la misión médica; es elegido para suplir su falta el Bachiller Carlos Arvelo[3],  el 16 de agosto del año señalado  se le autoriza e instruye  para que asuma la asistencia del Hospital, el 26 se traslada a Turmero y desde el 1° de septiembre hasta 14 de octubre  se encarga de la atención de los enfermos  en el hospital general del pueblo de Turmero, donde estableció su puesto de combate contra la dañina enfermedad.

Es de gran relevancia  señalar,  que  la acuciosidad investigativa de Arvelo le permite además de atender a la población enferma se dedica a observar y a  estudiar   el cuadro general de enfermedad el cual expone en una memoria con  historia, causas, métodos terapéuticos y preventivos para controlar la epidemia; dichas apreciaciones las dejó plasmadas en un memorial escrito en Turmero,  fechado el 14 de octubre de 1808; donde además señala:

 “Estas son las observaciones  que he podido hacer sobre 406 enfermos, desde  que me encargue en 1° de setiembre  último, hasta su conclusión, del hospital  general establecido  en este Pueblo según los registros de Contraloría, y los estados particulares que se formaban todas las semanas, de entradas, salidas, muertes, y existentes de ellos curaron 331, fallecieron 63 y 12 atacados de degeneraciones  crónicas pasaron al Hospital de los Yndios  naturales, por disposición  del Señor Oydor Director de Sanidad, Comisionado D. Antonio Fernández de León”[4]

Las fiebres intermitentes  y calenturas siguieron azotando a los pobladores de estas tierras, causando  graves estragos en sus pobladores; en 1819 calculamos que casi el 30% de la población residenciada en este valle estaba padeciendo los embates de esta epidemia; de una población de 4.200 estaban afectados por las calenturas 1.430[5].

Adentrados  ya en la tercera década del siglo XIX  la situación en estos Valles era de extrema gravedad: las condiciones de pobreza generalizada que habían quedado estos lugares después de la Guerra de Independencia. la desestructuración del aparato productivo, la ruina y la miseria completaban el espantoso del otrora Prospero Valle de Turmero; a la situación  descrita se sumaban las epidemias febriles  que continuaron apareciendo en su ciclo de abril  a octubre; el testimonio  dado  por el párroco de la Iglesia de Turmero José Ramón de Guiseta según carta que escribió en 16 de junio de  1825[6] nos retrata el desolador panorama de Turmero.

“…Despues de haver padecido la desolación que ha ocasionado la fiebre el año pasado de  ha vuelto a ocurrir esta epidemia nuevamente desde principios de abril estimo y considero cada día con mas fuerza calculo que los enfermos alcanzan a tres mil componiéndose la feligresía solo de cuatro mil setecientos almas… los muertos de abril y mayo alcanzaron a ochenta y uno y los de junio  a esta fecha sesenta y nueve. En medios de tantos conflictos he hecho dos rogativas”[7].

Según la información aportada por el párroco, más del 60% de la población del Valle de Turmero se vio afectada por las fiebres de los años 1824, 1825 al parecer los años de mayor criticidad de la epidemia[8]; es tanto, que la Municipalidad de Caracas el 6 de junio de 1825, alarmada por la situación en estos Valles y preocupada por las implicaciones  que esta crítica situación de salud pública tenían para la estabilidad de la naciente República deciden  socorrer los pueblos de los Valles de Aragua; para Turmero dispusieron enviar diez barriles de harina, nueve de vinos, arroz etc. igual cantidad de provisiones se estimó para los pueblos de la Victoria y Cagua [9]





[1] Universidad Central de Venezuela Materiales para el Estudio de la Cuestión Agraria en Venezuela (1800-1830) Vol. 1 Tomo 2 Caracas 1964. P. 24 “Observaciones sobre la fiebre en los valles de Aragua, alladas en el Archivo  de la extinguida Dirección de la Renta del Tabaco y mandado a publicar por la Intendencia republicana, en 1824”
[2] Ibídem  pág. 380
[3] Eminente médico Venezolano nace en  Guigue (actual estado Carabobo) el 1° de junio de 1784, se tituló de Bachiller, Licenciado y Doctor en medicina en la Real y Pontificia Universidad de Caracas. Partidario del movimiento Independentista se incorpora a las filas patriotas lo cual le lleva asumir  importantes responsabilidades entre estas: Director del Hospital militar de Caracas, Médico Cirujano Jefe del Ejército Libertador. Terminada la contienda armada de Independencia se dedica activamente a sus actividades docentes  e investigativas participa en la organización de la Universidad de Caracas y la instalación de la Facultad de Medicina. En sus actividades políticas destacan:  fue electo diputado, miembro fundador de la Sociedad de Amigos del País  y miembro de la junta de la abolición de la esclavitud. Muere en 1862.
[4] Boletín del Archivo Histórico Memoria sobre la fiebre intermitente que ha reinado en los Valles de Aragua, desde mayo  hasta octubre de 1808 pag 97
[5] VELEZ BOZA, Fermín; El Licenciado José María Benítez, su contribución médica, científica y social (1790-1825. Biblioteca de Autores y Temas Aragueños. Gobernación del Estado Aragua. Maracay 1995. P 37.
[6] Archivo Arzobispal de Caracas Sec. Parroquias Carpeta No 134
[7] Idem
[8]   Universidad Central de Venezuela Materiales para el Estudio de la Cuestión Agraria en Venezuela (1800-1830) Vol. 1 Tomo 2 Caracas 1964. Pág. 466 Según un remitido de unos  fechado en Guaruto el 26 de enero de 1826 yu que apareció publicado en El Colombiano  el 22 de  febrero del mismo año señalan que:  “LA fiebre continúa por el circuito de la laguna derramando su letal ponzoña  hasta en las quebradas antes  salubres de las montañas vecinas; y se desarrolla en San Carlos, Araure Barinas en una palabra en todo el bajo llano
[9]IBIDEM. Pág. 432