Vasijas Funerarias

Vasijas Funerarias
Vasijas funeraraias de los indigenas del lago de Tacarigua o Valencia

jueves, 12 de noviembre de 2015

CRIOLLOS, INDIOS Y MESTIZOS, QUERELLAN POR ELECCIÓN DE TERRENO PARA CONSTRUIR UN DEGREDO EN EL PUEBLO DE TURMERO

Escrito por: Nelly Guilarte Ugas

En el presente artículo nos dedicaremos al estudio de un litigio que se desarrolla en la última década del siglo XVIII, relacionado con la construcción de una casa de degredo para albergar los virulentos en el Pueblo de Turmero; según disposición testamentaria del Coronel Don Juan de Salas este había  donado de  500 pesos de sus bienes para esta obra piadosa;  cuyo abordaje iniciamos en el escrito  anterior titulado: “Una casa de degredo en el pueblo de Turmero a fines del siglo XVIII”,  publicado en nuestro  blog:


Cumplida las gestiones administrativas referentes a la  última voluntad del Coronel Salas; al parecer se intenta conseguir la autorización Gabriel Blanco y Uribe, para realizar dicha construcción en terrenos del valle Guayabita tomando en cuenta que, “desde tiempos inmemoriales siempre se han puesto allí los degredos para el alojamiento y curación  de los enfermos virulentos[1] medida que había  logrado disminuir el contagio en los pobladores de Turmero; pero los dueños de la hacienda alegaron sus interés particulares y “legitimo” en el marco del derecho liberal de la propiedad y se opusieron.

            El 22  de julio de 1794, se presenta ante las autoridades competentes Luis Blanco y  Blanco en representación de Gabriel Blanco y Uribe, protestando  la construcción  de un caney o choza que el Teniente de Justicia había  mandado  a edificar  en el sitio de Guayabita, para separar los contagiados  de viruelas y evitar el perjuicio  que se le pueda causar  al resto de la población;  argumentando que el pueblo tiene otros espacios  suficientes para que esta casa de beneficencia sea construida separada del vecindario  y de menor riesgo para el contagio .

“...suplico a nuestra señoría ser  sirva mandar a elexir otro  lugar que no sea el proyectado por las razones expuestas y que se deje al mencionado  Don Gabriel en el libre uso de cortar leñas precisas  para su hacienda...”[2]  

La querella  interpuesta por Los Blanco y Uribe  propietarios del Valle de Guayabita, descendientes de los primeros encomenderos del Valle de Turmero y  miembro de la aristocracia territorial caraqueña; interponen una querella para evitar la fábrica del degredo  en las adyacencias de su propiedad;  reclamando el perjuicio que esto acarrearía a sus intereses;  ya que los privaría del corte y conducción de leñas necesarias para el laboreo de la caña  en su hacienda de trapiche; como también las grandes pérdidas que se generarían frente a la negativa   de los peones a cumplir con su jornada de trabajo, quienes se excusaría de asistir por temor al contagio.

 “... Es manifiesta la necesidad de la separación pero urge  el poderoso motibo de los daños  que se siguen de construir en aquel  lugar por que siendo precisa la consecucion  de leña  y transito por el mismo pueblo no se evita el peligro ni se cumple con la disposición[3]

Razones por las que Pedro Carbonell Mariscal de Campo Teniente de Gobernador y Capitán General, despacha  notificación del auto, al Teniente de Justicia Mayor del Pueblo de Turmero, para que en común acuerdo con el  Maestro Don Juan Joseph Álvarez, cura del pueblo y designado por el tribunal eclesiástico para la ejecución de la obra, señalen otro sitio más apropiado cuya resolución del auto es del tenor siguiente:

“...que siendo cierto lo que se expone  cese de llevar adelante el proyecto de la caso o caney que se expresa se planteó en la tierra  que denominan Guayabita y destínese otro mas apropiado y que no haya los yncombenientes que se apuntan dejando a la entera libertad el cittio para el uso de quien representa[4]

Se decide  y se ordena elegir otro sitio que sea apropiado, efectivamente se inicia la búsqueda pero a decir de los responsables no se encuentra espacios con las proporciones que tiene el de Guayabita; sin embargo se resuelve: fijar el degredo   en el sitio que llaman el Rincón  “...que esta en la parte nasiente del dicho pueblo y es el que se ha allado más oportuno y por tener la fasilidad de introducírsele un ramo de agua  que viene del río de paya”[5]

El conflicto se extiende, el dilema se  profundiza  entre: los intereses de los propietarios, los vecinos, los indígenas   y la última voluntad del difunto Juan de Salas; mientras tanto los virulentos siguen su viacrucis, seis meses han  transcurrido desde la fecha en que se instruye la construcción del degredo. En fecha  17 de septiembre de 1794, el Corregidor del pueblo de Turmero  informa: que ante el se presentó el  indígena Juan Joseph Beltrán  Gobernador del Cabildo indígena  y le notifico,  que uno de los indios  enfermó de viruela  y no encontraba donde aislarlo,  ya que los antiguos ranchos ubicados en el sitio de Guayabita  destinados para tal causa  habían sido demolidos y quemados.

El veinte de septiembre de mil setecientos noventa y cuatro, los integrantes del Cabildo Indígena del pueblo de Turmero en conjunto con otros vecinos, presentan ante el Teniente de Justicia Mayor  un escrito esgrimiendo las razones por las que se oponían a la construcción del degredo en las tierras del Rincón, en primer orden los indígenas invocan  “...que nosotros  estamos en estas desde nuestra primera fundación y nuestros causantes desde tiempos inmemoriales...”[6],  las tierras mencionadas forman parte de las tierras del reguardo indígena de este pueblo.

Entre otros de los argumentos manejados numeran: que alli tienen sus casas de familia, conucos, labranzas con productos de primera necesidad, plantaciones de añil, oficinas de cal, hornos de hacer tejas, el sitio está en las cercanías del pueblo, es muy concurrido por ser sitio de corte de leñas,  además le falta el agua en el verano; por las razones antes expuestas los demandantes proponen que el degredo debe ser construido en el cerro de Guaca en posesión de las tierras de Doña Adriana Blanco donde siempre estuvieron los ranchos del degredo, “que estos eran de toda comodidad para los enfermos n i en perjuicio al público sin causar daño a nadie[7]  y en concordancia a los  expuesto incitan:

“... que el publico  aclame revocando a cualquier decreto que dirija a emprendherla en el mencionado rincón detrás de la Yglesia sin sus términos desde la punta del serro que cae a la cruz de hierro hasta otra punta que cae al paso del rio de Paya”[8].

La voluntad expresa del Coronel Salas no se ha podido cumplir, pese a las diligencias emprendidas por las autoridades eclesiásticas del Obispado de Caracas;  el conflicto de intereses de  criollos aristocráticos, indígenas y  otros vecinos (blancos de orilla y/o mestizos) evidenciadas en el litigio, impiden la construcción del degredo y llevan al cura Juan Joseph Álvarez de Lugo a dimitir la comisión que tenía encomendada por parte del Vicario General del obispado de Caracas.

  “...En atención a que los vecinos de este pueblo no se hallan conforme con el sitio que se ha señalado nombrado el Rincon para la casa de degredo y que realmente la posesión de guayabita no tiene otro mas aparente y aquí por otra parte Don Gabriel Blanco se opone a que dicha casa se haga en semejante lugar determino hacer dimisión de dicha comisión...”[9]

La amenaza al contagio por la propagación  viruela es inminente,  el conflicto sigue su cauce; en este escenarios el  Corregidor de Turmero Fráncico Carvajal, manifiesta  no encontrar otro sitio para aislar a los contagiados; propone que solo le queda el degredo de   Palo Negro, sitio de aislamiento de los enfermos de la feligresía de Cagua, pero reflexiona, que al ser el sitio distante más de una legua  generará incomodidades para la atención física y espiritual de los afectados[10]; en consecuencia esta autoridad se declara incompetente para resolver la situación y así lo expresa su testimonio escrito:

“Yo me encuentro  perplejo sin saber que partido tomar porque si lo pongo en el lugar cuya posesión reclama el pueblo me cree Don Gabriel Blanco su enemigo y si lo mudo a otro lugar me llama el pueblo su exterminador... por la adversidad en que me encuentro suplico a vuestra señoria que próximamente me ordene lo que debo hacer...”[11]

El poder económico y su influencia en los espacios políticos  que ostentan los Blanco Uribe, les permite acusar  a Francisco Carvajal Teniente Corregidor, de  estar complotado  en su contra, ser el principal azuzador en  el pleito que han emprendido los indígenas y otros vecinos del pueblo para que no se acepte la construcción de la mencionada casa en el sitio del Rincón;  por lo tanto exigen se le suspenda su actuación en el caso.

Frente a esta petición y  la situación de conflicto presente, se decide: designar al  presbítero Alberto Gómez   y al Teniente Justicia del pueblo de la Victoria  Francisco de Albuquerque, para que actúen  en el reconocimiento y señalización del lugar para la construcción del degredo. La comisión actuó diligentemente  y determinó que el sitio más apropiado era el del Rincón sin los riesgos que tenía el anterior degredo provisional de Guayabita[12]






[1]Expediente sobre los bienes legados por el Coronel Juan de salas a la Iglesia. Folio 22 consultado en: http://libertador.bolivarium.usb.ve/documento.php?id=11190f7
[2]Doc. Cit folio 12
[3]  Ídem folio 14
[4] Ibídem folio 16
[5] Ibídem folio 22
[6] Ibídem folio  28
[7] Ibídem folio29
[8] Ibídem folio 31
[9] Ibídem folio 41
[10]  Ibídem folio 79
[11]  Ibídem folio 80
[12] Ibídem folio 94

domingo, 1 de noviembre de 2015

UNA CASA DE DEGREDO EN EL PUEBLO DE TURMERO A FINES DEL SIGLO XVIII


Autora: Nelly Guilarte Ugas

A pesar de los avances en las investigaciones históricas; aún persiste en grandes mayorías la idea de considerar la historia como el estudio de grandes personajes y/o acontecimientos; despreciando hechos de la cotidianidad desde donde podemos emprender indagaciones para comprender la sociedad en lo  material y espiritual;  así como  el funcionamiento  de toda su institucionalidad; en consideración presentamos este pequeño esbozo,   desarrollado en base al litigio que emprende un blanco criollo  a finales del siglo XVIII,  opuesto a la construcción  de una casa de degredo  para el Pueblo de Turmero 

Las casas de degredo fueron espacios de aislamiento, para restarle terreno a la muerte en caso de enfermedades contagiosas o epidemias; funcionaron como dispositivos de protección frente a la  inexistencia de mecanismos técnicos científicos para combatir dichas afecciones; también expresaron toda una racionalidad de segregación y exclusión  social  propia de la cristiandad[1] signada por  concepciones y prejuicios religiosos al considerar que  las enfermedades físicas eran castigos  divinos; en consecuencia a quienes las padecían   se les consideraba malditos por lo tanto sometidos al apartamiento y desprecio.



Corral de Apestados del pintor Francisco Goya

         Estas prácticas de incomunicación fueron usuales en el mundo antiguo, adoptadas por Europa e impuestas en “América” como parte de las políticas sanitarias; se impone toda una concepción referida a la atención de  los enfermos  desde  la  lógica eurocéntrica  expresada como doctrina  en las  reputadas Leyes de Indias[2].  

   Una vez desestructurado el sistema  de organización y convivencia de los pueblos originarios se implantan las instituciones: iglesias, cárceles, cabildos,  cementerios y hospitales; el 7 de octubre de 1541, mediante Real Cédula, se  dispuso  edificar hospitales en todo poblado de indio o español, para  curar los pobres enfermos y ejecutar la caridad cristiana[3], dictamen que fue reafirmado en la ordenanza de población  fechada el 13 de julios de 1573 y que establece en lo referido a los hospitales los siguiente:

        “Cuando se fundare ó poblare  alguna ciudad villa o lugar; se ponga á los hospitales para pobres y enfermos  de enfermedades que no sean contagiosas junto á   las iglesias   y por claustro de ellas, y para los enfermos  de enfermedades contagiosas en lugares levantados, y parte  que ningún viento dañoso, pasando por los hospitales, vaya á   herir en las poblaciones” [4]

        Las dictamines reales sobre la creación de hospitales se realiza en función de garantizar el control social de las grandes epidemias traídas por los expedicionarios al “Continente Americano”  enfermedades (nunca antes conocidas entre los originarios) las que  azotaron estas tierras desde los primeros viajes de exploración e hicieron grandes estragos en la población “indígena”;  pero también entre los españoles,  por lo tanto la corona se ve obligada  a  proponer la creación de estas instituciones. 


Por otra parte es  bueno  explicar que  la construcción de estos hospitales estaban relacionado con la importancia económica política del centro poblado;  las capitales de los virreinatos contaron con mayor número de centros  que cualquier otra ciudad o pueblo  de indios; respecto a los hospitales fundados en lo que hoy corresponde al territorio Venezolano,  se señala que para  el 1532 se había fundado un hospital en la Isla de Cubagua[5];  a fínales del siglo XVI  es cuando en Caracas  se  destinan los primeros albergues para recluir a los infectados de la epidemia  de Viruela que ingresó en 1580 por Caraballeda, en un barco portugués capitaneado por Pánfilo de Narváez[6]

        Los hospitales  son una más  de las instituciones implantadas en América  en ese proceso de colonización impuesto por  la acción imperial;  desde la temprana edad media en europea existieron instituciones hospitalarias íntimamente  relacionadas a la caridad   y la moral cristiana, fundamentada en el precepto del auxilio que los ricos debían ofrecer a los pobres se fundaron estos lugares de piedad y misericordia, donde los más desprotegidos aliviaban sus penas;  en estos hospicios se recogen vagabundos, viajeros, niños expósitos, enfermos, desamparados y cualquier otro “miserable” excluido de la sociedad.

 En torno a esos convencimientos religiosos, los cristianos propietarios del periodo colonial,  dejaron  disposiciones testamentarias indicando  obras piadosas a favor de los pobres  fieles; estas acciones misericordiosas estaban destinadas a limpiar sus conciencias, salvar sus almas y redimir sus culpas[6];  claramente  expresadas en sus disposiciones testamentarias. En este orden de ideas Don Juan de Salas, dejó dispuesto en la cláusula 25 de su testamento, la asignación de  quinientos pesos para la construcción de una casa de degredo en el pueblo de Turmero, destinada al auxilio de los enfermos de viruelas, que en este pueblo eran  muchos y solo habían contado  con unos ranchos pajizos en las cercanías del valle de Guayabita.

    “que quinientos pesos de su caudal los mismos que ha exhibido  en este tribunal el capitán Juan de Cocho e Iriarte se inviertan en la fábrica de una casa de degredo para recoger y amparar  a los pobres virulentos de aquel pueblo encomendándose en su cuidado a una persona de conciencia e integridad...”[8]

Para dar fiel cumplimiento a la voluntad  del difunto, el teniente fiscal Juan de  Cocho informa que el cura de Turmero  Don Juan Jossef  Álvarez de Lugo, ha manifestado la necesidad de esta casa para el beneficio de tantos pobres desvalidos y que está dispuesto “voluntariamente a encargarse de su construcción  deseando dar cumplimiento y poner en execusión  una pia  disposición tan útil al publico y tan ventajosa a los pobres”[9]  

        En virtud de los argumentos expuestos, el 25 de febrero de 1794 se libró despacho para  la construcción del  degredo en el sitio que  señalare el Justicia del pueblo, en el mismo Auto se instruye,  sean  entregados los 500 pesos al Presbítero Domingo Antonio Tremaría para que con toda celeridad el cura del pueblo Alvarez  de Lugo  pueda cumplir lo acordado. El 15 de marzo de 1794, el Obispado de Caracas, aprueba el nombramiento del  cura Álvarez de Lugo para la construcción de la casa de degredo en el pueblo de Turmero por ser “una obra de piedad y utilidad para aquel vecindario”[10]

        Cumplidas  las requisitorias necesarias establecidas y a pesar de la necesidad que al decir  de los responsables de velar por  la vida espiritual de los pobres en la tierra y la salvación del alma  de los fieles difuntos, la construcción de  la obra piadosa no se puede concretar, debido a  la querella  interpuesta por Don Gabriel Blanco y Uribe propietario del Valle de Guayabita, descendientes de los primeros encomenderos del Valle de Turmero y  miembro   de la aristocracia territorial  caraqueña;  quien  se  opone a la construcción  de esta misión en las adyacencias de su propiedad; también se incorporan a este pleito el cabildo de los indios de Turmero, cuando para satisfacer las peticiones de los Banco Uribe se propone construir el degredo en tierras del Resguardo indígena.

         En una próxima entrega presentaremos para nuestros lectores la controversia de esta querella que no deja de ser interesante ya que pone en evidencia los conflictos e intereses en torno a la organización de los espacios y la lucha que por estos libraron  los indígenas del valle de Turmero  contra  los poderosos  blancos criollos en el siglo XVIII.






[1] En  1179 el Papa Alejandro III  dictamina  apartar a los leprosos del resto de la sociedad para que esta se salvara del pecado y  la muerte.
[2] Cuerpo legal que reglamentó el funcionamiento del estado español en las denominadas provincias de ultramar en lo referente a la organización social política económica cultural de América
[3] Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias. Tomo I Quinta edición  Boix. Editor Madrid 1841  pag 16
[4] Idem
[5] ESCALONA Roger ; LOS ANTIGUOS HOSPITALES DE CARACAS Desde su fundación hasta la inauguración del Hospital Vargas Rev Soc Venez Hist Med 2006;55 (1-2 ): 25-41 pag. 27  consultado en https://www.google.com/?gfe_rd=ssl&ei=0LAuVprTKYKX-gXW7q34Dw#q=ESCALONA+Roger+%3B+LOS+ANTIGUOS+HOSPITALES+DE+CARACAS+Desde+su+fundaci%C3%B3n+hasta+la+inauguraci%C3%B3n+del+Hospital+Vargas+Rev+Soc+Venez+Hist+Med+2006%3B55+(1-2+):+25-41+

[6] IDEM pag. 27

[7] VARGAS, Lourdes; La vida espiritual, familiar y material en el siglo XVIII venezolano. Centro Nacional de Historia Colección Monografías. Caracas. 2009 pág. 65 
[8]Expediente sobre los bienes legados por el Coronel Juan de salas a la Iglesia. Consultado en: http://libertador.bolivarium.usb.ve/documento.php?id=11190f7
[9] Doc. cit
[10] Ídem

domingo, 2 de noviembre de 2014

TURMERO Y LAS EPIDEMIAS FEBRILES DE LAS PRIMERAS DECADAS DEL SIGLO XIX

Escrito por: Nelly Guilarte Ugas

Respecto a las epidemias febriles que azotaron a los valles de Aragua  y que se extendió hasta las poblaciones Mariara, Guacara y Los Guayos  en las tres primeras décadas del siglo XIX hemos escrito un trabajo que se puede leer en:   


         Para relatar las especificidades, efectos y connotaciones  de estas epidemias  febriles en la población del Pueblo de Turmero  presentamos estas breves  líneas con testimonios  que al respecto de esta enfermedad hemos encontrado; las aportamos  para  el conocimiento de los lectores y seguidores de este Blogs.

Imágen ilustrativa "oleo del pintor Jhon Singer Sargent titulado Hospital de Granada

A finales del siglo XVIII y principios del XIX; Turmero era uno de los pueblos más prósperos de la cuenca del Lago de Tacarigua  (Valencia); la fundación de  importantes  haciendas-trapiches durante los  siglos XVII y XVIII, el establecimientos de las plantaciones de Tabacos  en Guaruto   a orillas de la Laguna en la jurisdicción del pueblo de Turmero  y las plantaciones  de añil  contribuyeron definitivamente con la prosperidad que lucía y que fue descrita por distintos viajeros entre ellos  Depons  y Humboldt.

A pesar de la prosperidad económico que exhibían estos Valles, entre ellos el Pueblo de Nuestra Señora de la Candelaria de Turmero,  la población sometida a la esclavitud  y los  peones de  las plantaciones del Tabaco vivían en  deplorables  condiciones socio-económicas;  así lo encontramos expresado en  un informe relacionado con las fiebres en los Valles de Aragua,  presentado por Iznardi a la Dirección de la Renta del Tabaco el 13 de  julio de 1808, donde  se  señala un conjunto de causas que influyen en la propagación  de la fiebre en las cercanías de la Laguna; entre las cuales menciona  las condiciones socioeconómicas en que vivían los peones.

 “La constitución de los que se dedican al cultivo del tabaco y demás producciones agrícolas es la mas propia para contener el mal que rara vez extienda su influjo  a la gente acomodada, que se alimenta bien, que está vestida, duerme al abrigo… todos lo que bajo el nombre de peones forman el patrimonio de la renta del tabaco son unos hombres cuyo alimento consiste  en raizes, frutas y pescado de la laguna y casabe rara vez consumen carne mal preparada; su vestido se reduce a un calzón de lienzo… sus habitaciones  participan de los dos extremos opuestos de la salud pues o son unos tinglados á todo ayre ó duermen sobre un chinchorro  recibiendo sobre sus cuerpos acalorados y debilitados  por el sudor y el trabajo… en la segunda se arroja sobre suelo húmedo, sin interponer entre el y su cuerpo más que un cuero o una estera…”[1]

En un manifiesto fechado 10 de abril de 1824 en Guaruto,   un grupo de labradores describen su miserables condiciones en las que viven ellos y sus familias “…nuestras habitaciones pajizas ni aun rústicamente amobladas, nuestras familias desnudas..”[2]

 Las calenturas febriles intermitentes que se presentaron en los Valles de Aragua con desbastadora fuerza en las tres primeras décadas del siglo XIX  se hicieron más pertinaz  en las plantaciones de tabaco del “Rey” Guaruto, Camburito, Mamoncito Quarta y Quinta fundación ubicadas en el valle de Turmero, en las áreas donde se habían retirado las aguas de la laguna; pudiésemos inferir entonces que de todos los pueblos ubicados en el valle de Aragua y  cuenca del Lago de Tacarigua (Valencia) fue Turmero uno de los más afectados.

Desde 1804, las epidemias de fiebre intermitente en los Valles de Aragua alcanzan niveles alarmantes;  razones por las cuales  las autoridades de gobierno  envían una comisión de médicos, entre estas, al Dr. José Ángel Álamo en 1804 y al Dr. José Joaquín Hernández en 1808, este último enferma seriamente y se ve obligado a salir de la misión médica; es elegido para suplir su falta el Bachiller Carlos Arvelo[3],  el 16 de agosto del año señalado  se le autoriza e instruye  para que asuma la asistencia del Hospital, el 26 se traslada a Turmero y desde el 1° de septiembre hasta 14 de octubre  se encarga de la atención de los enfermos  en el hospital general del pueblo de Turmero, donde estableció su puesto de combate contra la dañina enfermedad.

Es de gran relevancia  señalar,  que  la acuciosidad investigativa de Arvelo le permite además de atender a la población enferma se dedica a observar y a  estudiar   el cuadro general de enfermedad el cual expone en una memoria con  historia, causas, métodos terapéuticos y preventivos para controlar la epidemia; dichas apreciaciones las dejó plasmadas en un memorial escrito en Turmero,  fechado el 14 de octubre de 1808; donde además señala:

 “Estas son las observaciones  que he podido hacer sobre 406 enfermos, desde  que me encargue en 1° de setiembre  último, hasta su conclusión, del hospital  general establecido  en este Pueblo según los registros de Contraloría, y los estados particulares que se formaban todas las semanas, de entradas, salidas, muertes, y existentes de ellos curaron 331, fallecieron 63 y 12 atacados de degeneraciones  crónicas pasaron al Hospital de los Yndios  naturales, por disposición  del Señor Oydor Director de Sanidad, Comisionado D. Antonio Fernández de León”[4]

Las fiebres intermitentes  y calenturas siguieron azotando a los pobladores de estas tierras, causando  graves estragos en sus pobladores; en 1819 calculamos que casi el 30% de la población residenciada en este valle estaba padeciendo los embates de esta epidemia; de una población de 4.200 estaban afectados por las calenturas 1.430[5].

Adentrados  ya en la tercera década del siglo XIX  la situación en estos Valles era de extrema gravedad: las condiciones de pobreza generalizada que habían quedado estos lugares después de la Guerra de Independencia. la desestructuración del aparato productivo, la ruina y la miseria completaban el espantoso del otrora Prospero Valle de Turmero; a la situación  descrita se sumaban las epidemias febriles  que continuaron apareciendo en su ciclo de abril  a octubre; el testimonio  dado  por el párroco de la Iglesia de Turmero José Ramón de Guiseta según carta que escribió en 16 de junio de  1825[6] nos retrata el desolador panorama de Turmero.

“…Despues de haver padecido la desolación que ha ocasionado la fiebre el año pasado de  ha vuelto a ocurrir esta epidemia nuevamente desde principios de abril estimo y considero cada día con mas fuerza calculo que los enfermos alcanzan a tres mil componiéndose la feligresía solo de cuatro mil setecientos almas… los muertos de abril y mayo alcanzaron a ochenta y uno y los de junio  a esta fecha sesenta y nueve. En medios de tantos conflictos he hecho dos rogativas”[7].

Según la información aportada por el párroco, más del 60% de la población del Valle de Turmero se vio afectada por las fiebres de los años 1824, 1825 al parecer los años de mayor criticidad de la epidemia[8]; es tanto, que la Municipalidad de Caracas el 6 de junio de 1825, alarmada por la situación en estos Valles y preocupada por las implicaciones  que esta crítica situación de salud pública tenían para la estabilidad de la naciente República deciden  socorrer los pueblos de los Valles de Aragua; para Turmero dispusieron enviar diez barriles de harina, nueve de vinos, arroz etc. igual cantidad de provisiones se estimó para los pueblos de la Victoria y Cagua [9]





[1] Universidad Central de Venezuela Materiales para el Estudio de la Cuestión Agraria en Venezuela (1800-1830) Vol. 1 Tomo 2 Caracas 1964. P. 24 “Observaciones sobre la fiebre en los valles de Aragua, alladas en el Archivo  de la extinguida Dirección de la Renta del Tabaco y mandado a publicar por la Intendencia republicana, en 1824”
[2] Ibídem  pág. 380
[3] Eminente médico Venezolano nace en  Guigue (actual estado Carabobo) el 1° de junio de 1784, se tituló de Bachiller, Licenciado y Doctor en medicina en la Real y Pontificia Universidad de Caracas. Partidario del movimiento Independentista se incorpora a las filas patriotas lo cual le lleva asumir  importantes responsabilidades entre estas: Director del Hospital militar de Caracas, Médico Cirujano Jefe del Ejército Libertador. Terminada la contienda armada de Independencia se dedica activamente a sus actividades docentes  e investigativas participa en la organización de la Universidad de Caracas y la instalación de la Facultad de Medicina. En sus actividades políticas destacan:  fue electo diputado, miembro fundador de la Sociedad de Amigos del País  y miembro de la junta de la abolición de la esclavitud. Muere en 1862.
[4] Boletín del Archivo Histórico Memoria sobre la fiebre intermitente que ha reinado en los Valles de Aragua, desde mayo  hasta octubre de 1808 pag 97
[5] VELEZ BOZA, Fermín; El Licenciado José María Benítez, su contribución médica, científica y social (1790-1825. Biblioteca de Autores y Temas Aragueños. Gobernación del Estado Aragua. Maracay 1995. P 37.
[6] Archivo Arzobispal de Caracas Sec. Parroquias Carpeta No 134
[7] Idem
[8]   Universidad Central de Venezuela Materiales para el Estudio de la Cuestión Agraria en Venezuela (1800-1830) Vol. 1 Tomo 2 Caracas 1964. Pág. 466 Según un remitido de unos  fechado en Guaruto el 26 de enero de 1826 yu que apareció publicado en El Colombiano  el 22 de  febrero del mismo año señalan que:  “LA fiebre continúa por el circuito de la laguna derramando su letal ponzoña  hasta en las quebradas antes  salubres de las montañas vecinas; y se desarrolla en San Carlos, Araure Barinas en una palabra en todo el bajo llano
[9]IBIDEM. Pág. 432 

sábado, 26 de julio de 2014

ALGUNAS FUENTES DOCUMENTALES RELATIVAS AL VALLE DE TURMERO, SIGLOS XVII -XVIII

Escrita por Nelly Guilarte Ugas
Los estudios académicos  iniciados hace ya  casi dos décadas, cuando realizamos la especialización de Historia Económica  y social de Venezuela,  bajo la Coordinación del Doctor Federico Brito Figueroa en la línea de investigación sobre la propiedad territorial en el Valle de Aragua; donde, el Profesor Carlos Julio Tavera Marcano había desarrollado su tesis Doctoral[1]; nos llevaron al grupo de estudiantes a plantearnos diversos temas específicos sobre este  eje investigativo en los denominados valles de Aragua, Turmero, Cagua, Maracay, San Mateo, La Victoria y Villa de Cura. La temática generadora era fundamentalmente el problema de la tierra, la mano de obra  y las haciendas- trapiches como síntesis donde se desarrollan las relaciones  sociales y de producción; también pudimos aproximarnos al estudio de los pueblos de doctrinas o pueblos de indios   y a la dinámica socio poblacional de estos.

En nuestro caso, en la etapa inicial nos planteamos el estudio de la Dinámica Socio-económica del valle de Turmero 1750-1800; de allí con la asesoría del Doctor Carlos Julio Tavera  y las orientaciones, enseñanzas y estímulo del Doctor Federico Brito Figueroa nos adentramos en el estudio del La Propiedad Territorial; avanzamos en este sentido con una memoria de grado titulada “La Propiedad Territorial en el Valle de Turmero 1750-1850[2]”; siguiendo las orientaciones de nuestros maestros “progresar en un tema mediante sucesivas aproximaciones” logramos profundizar en esta temática y se   concluyó con un trabajo de Tesis de Maestría titulado “La Propiedad Territorial en el Valle de Turmero 1593-1850.[3]

La labor investigativa  desarrollada para ese momento y la que hemos continuado nos ha permitido acercarnos a los repositorios documentales de primera mano, que si bien es cierto no podríamos  calificar de cuantiosos,  son abundantes y  de gran valor para la reconstrucción histórica de las especificidades y/o generalidades relacionadas con este espacio, el Valle de Turmero;  por otra parte podemos afirmar que estas se encuentran  dispersas en distintos archivos  y datan de los siglos XVII y XVIII, siendo las del XVIII, las más numerosas.

Afirmábamos en nuestro trabajo de tesis que la numerosa población  indígena y la fertilidad de estas tierras hicieron de este espacio apetecible  para los “conquistadores”  españoles, quienes despojando a los originarios, se apoderaron de ellas por vía de hecho y amparados  en el derecho  español las   legalizaron su como propietarios. En dichas terrenos se fundaron importantes  unidades de producción principalmente haciendas-trapiches,  de las que hemos hecho mención en trabajos anteriores. Hacemos esta referencia introductoria como un aspecto argumentativo  que explica la importancia del pueblo de Turmero durante la colonia y que lo hace figurar entre uno de los más importantes de los pueblos de Doctrina  de la Provincia de Caracas durante todo el período colonial.

Los conflictos  y contradicciones que se generaron  entre los distintos actores, políticos, sociales y económicos por el asunto de la tierra,  condujeron a juicios  y litigios;  dejaron para la posteridad documentos de invalorable importancia para comprender, hacer comprender y repensarnos en  el presente este presente que no es más que la suma de distintos pasados; en este sentido  dejamos como aporte para  quienes estén dispuesto a  seguir tras la huella de esa suma de presentes; algunas referencias documentales sobre el Pueblo de Turmero escudriñadas en nuestras pesquisas que datan del periodo colonial son las que  señalamos a continuación:



CORRESPONDENTES AL SIGLO XVII
I.-ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN
1.-Sección Indígena.
Año 1636 Tomo IV Folio 1   “Caracas de: El Capitán Don Lorenzo Marínez Villegas reclamando un indio de su encomienda que tiene Juancho de Aguirre”.
2.-Sección Tierras (anteriormente estaban en el Archivo del Registro Principal de Caracas).
Año 1665 R-1  “Titulo de Merced hecha a Francisco Rodríguez de Sosa del cerro Purica”
Año 1659 B-1  “Varias diligencias evacuadas y un testimonio de una escritura de venta, a favor de Don Luis de Bolívar de unas tierras en el Valle de Paya otorgadas por Don Juan de Guevara por ante el Esmo. Juan Rangel de Mendoza”
Año 1690 F-1 “Titulo presentado por Don Andrés Fernández  Fuenmayor de una posesión de tierras en el Valle de Maracay”
II.-ARCHIVO ARZOBISPAL DE CARACAS

1.-Sección Episcopales
Legajo 6 documento No 41 Obispo Gonzalo de Angulo 1619-1633
Legajo 9 Obispo Fray Mauro de Tovar 1640-1641 visita pastoral a Baruta, valle de Aragua, San mateo, San Sebastián, Trujillo etc. folio 224;
Legajo 12 Antonio González de Acuña 1676;  visita al pueblo de Nuestra Señora de la Candelaria de Turmero “Interrogatorio sobre la actuación del cura Doctrinero Andrés Esqueda Narváez y anexo testimonio” Exp. 28

CORRESPONDENTES AL SIGLO XVIII
I.-ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN
1.-Sección Tierras (anteriormente estaban en el Archivo del Registro Principal de Caracas)
Año 1710 S-1  “Gaspar de Salas en nombre de la Sta. Yglesia de Turmero  Don José de Otayza sobre la propiedad de las tierras pertenecientes a dicha parroquia ante el Capitán General”
Año 1710 S-2  “Don Gaspar de Salas a nombre de Don Francisco de Tovar solicitando se le dé posesión de las tierras que le fueron concedidas por el Governador y Capitán General en el Valle de Paya”
Año 1754 T-1  “Don Domingo y Don Diego de Tovar contra Don Gabriel de Urreara quejándose de la introducción  que el y otros han hecho en sus tierras de Turmero poseyendo varias de ellas sin títulos”
Año 1764 M-1  “El Marquez de Mijares y Don Francisco Javier de Oviedo contra los indios de Turmero sobre tierras y por los Blanco Uribe y Bolivares.”
Año 1766 M-1 “Testimonios de autos y recaudos a favor  de los indios de Turmero en que se comprenden los títulos de sus tierras”
Año 1774 M-1  “Mijares el Marques Titulo de tierras de Turmero y Huere haciendas de propiedad de aquel”.
Año 1783 B-2  “Don Gabriel Blanco sobre tierras con los indios de Maracay”.
Año 1783 B-3  “Segunda pieza de los autos seguidos por Don Gabriel Blanco  Uribe sobre tierras de Turmero  y sus indios en el valle que nombran Guayabita”.
Año 1794 T -1.Turmero “El Señor Fiscal por el Cacique de aquel Pueblo contra su Corregidor sobre tierras y aguas,.”

Año 1795 T-1 “El Sor. Fiscal por el Cacique de aquel Pueblo contra su Corregidor sobre tierras y aguas,”

Año 1810 T-3  “El Cavildo de los naturales del Pueblo de Turmero para que se repartan entre aquellos las tierras que tienen en arrendamiento a Antonio Gonzales Barrios”
2.-Sección Archivo de Aragua
Año 1795 Tomo XCVI  “Autos incompletos de las diligencias  judiciales hechas por Don Martin de Tovar y Galindo a objeto de que se otorgue escritura de unas tierras que compró a Doña Ana Jacinta Macero”
3.-Sección gastos Públicos la colonia
Año 1789 Tomo III Folio 73 “El cabildo de indios de Turmero pidiendo se les asista la dicha gerencia con alguna parte de los bienes.”
Año 1794 Tomo VIII Folio 216 “Aquel corregimiento propone medios para la subsistencia y arca de los indios  que están despoblados de sus tierras que aquellos Españoles poseen y no se le obligue a la responsabilidad de tributo”
4.-Sección Indígenas
Año 1796 Tomo XIV Folio 108 “Liquidación que toma esta oficina General de Real Hacienda del devito que resulta en ella contra Francisco Feliphe Carvajal Corregidor del pueblo de Turmero y Cagua procedentes de los tributos reales de aquellos naturales vencido de los años 1794”.
Año 1796 Tomo XIV Folio 217 “Petición que hace el indígena Josef Marin ante un Fiscal de Caracas para que dicte real Providencia que frene los exceso del Casique de Turmero”.

II.-ARCHIVO DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Vit. – I  93   Margarita, Trujillo Pueblos Valles de Aragua
            “Interesado Información de los pueblos de Maracay, La Victoria, Turmero y Cagua con motivo de un reclamo de Santiago Mancebo año 1783
6 Salon -196 Pueblos de Aragua
            “Traslado sacado de un memorial que por comisión y mandato S.S.R.  el señor D. Fray Gonzalo de Angulo Obispo hizo y envio S.S.R. hizo el padre Lope de Leon cura Doctrinero del Valle de Turmero” página 141
8 Salón Tomo XXV No 34 y Tomo XXVI No. 35 
Venezuela Juicio de Residencia al Gobernador Martín de Lardizabal y el Orza
“Autos tomados en los Valles de Aragua y Vila de San Luis de Cura el Comandante Martín de Lardizabal 1737.”
Turmero IX5  Landaeta Rosales Manuel
Balson venezolanos Tomo II IX5 Folio 16
“Turmero Fundación y principales familias para fines del siglo XVIII”

III.-ARCHIVO ARZOBISPAL DE CARACAS
1.-Sección Parroquias
Parroquia Turmero Legajos  33 y 34
Autos formados para la provisión del beneficio cuidado  y doctrina del pueblo de Turmero vacante por renuncia del Br. Don Juan Antonio Croquer Año 1785
Sobre proveer de ornamentos y alhajas a la Iglesia de Turmero Año 1795
Licencia  para hacer varios ornamentos nuevos y componer los antiguos y otros utensilios de la iglesia parroquial del pueblo de Turmero Año 1810
Sobre reparos del edificio de la Iglesia parroquial del pueblo de Turmero Año 1810
2.- Sección matriculas parroquiales
Legajo 52 Matrículas de población del pueblo de Turmero
Legajo 53 Matrículas de población del pueblo de Turmero

IV.-ARCHIVO DE LA OFICINA DEL REGISTRO SUBALTERNO DE TURMERO
Libros Varios : años 1763, 1772, 1781, 1788, 1810





[1] Tavera Marcano; Carlos Julio; Historia de la Propiedad Territorial en el Valle de Aragua
[2] Trabajo presentado para optar al título de Especialista en historia Económica y Social de Venezuela. En la Universidad José María Vargas.
[3] Este trabajo fue defendido en 1995 en la Universidad Santa María para optar al título de “Magister Scientiarum” en Historia; el jurado conformado por: el Dr. Manuel Carrero (presidente), Doctor Hernán Venegas (principal) y el Doctor Federico Brito Figueroa (Tutor)  quienes recomendaron su publicación en virtud de considerar que el trabajo “ fue el resultado de una  rigurosa investigación realizada sobre fuentes  documentales, bibliográfica, hemerográfica y cartográficas y en consecuencia  constituye un valioso aporte a la Historia Económica y Social  de la región y a la historiografía  nacional  a partir de esa singularidad compleja estudiada”